miércoles, 14 de octubre de 2015

Entre la izquierda y la derecha


Por: Paola Garzón

En época de elecciones, me sorprende la vehemencia con que las personas en Colombia defienden sus posiciones como verdades absolutas.  La mayoría de los colombianos defienden sus ideas políticas como si fueran eruditos en el tema. Critican y ofenden a políticos y dirigentes locales y globales. Es como una especie de terapia sacar toda la rabia y frustración, despotricar de los servidores públicos, echarles culpas porque son de izquierda o porque son de derecha.

La verdad es que muy pocos de aquellos que deciden exponer sus ideas en voz alta, en reuniones, encuentros casuales y redes sociales, tienen formación y entendimiento sobre el sistema político, democrático, del funcionamiento y estructura institucional del estado. De los planes de desarrollo, de las políticas sociales, ni de los métodos para llevarlos a cabo.  Sin embargo, su falta de conocimiento no les impide llenarse de argumentos.

Es difícil visualizar a algunas de estas personas comprendiendo más allá de su realidad, de su propia visión y critica irresponsable de la situación, para observarse a sí mismo, analizar su rol como ciudadano y cuestionarse como podría contribuir al mejoramiento de la estructura política de nuestro país, ver la forma en que podría promover un cambio.  Creo que guardar silencio sería una gran contribución, para empezar.  Dedicarnos a reflexionar, pensar que puedo hacer yo, que estoy haciendo yo, por mi propio progreso, por no ser una carga para el estado, ni para los que me rodean, que hago yo por resolver mis propios problemas.

Vivimos en un país dónde todo el mundo critica, dónde todo el mundo se queja, y es a la vez un país donde menos del 50%* de la población pertenece al régimen contributivo de seguridad social, es decir dónde el sistema subsidiado supera al sistema contributivo. Aunque es válido en algunos casos decir que existen personas que se encuentran en una verdadera situación de vulnerabilidad y necesitan una mano. También es muy cierto que muchas de las personas que están afiliadas al régimen subsidiado y al Sisben reciben ingresos suficientes para contribuir al sistema, a pesar de tener trabajos informales. Mientras que otros, simplemente se sienten cómodos viviendo con bajos recursos a costillas de los subsidios del estado sin intenciones de esforzarse y progresar.

Si queremos avanzar y superar en alguna proporción los problemas de pobreza y desigualdad que nos aquejan, debemos enfocarnos más en las soluciones y en los aportes que cada uno desde su rol en la sociedad puede ofrecer. Abstengámonos de criticar y concentrémonos en solucionar. Tal vez, en ese momento nos percatemos de que tomar decisiones y ejecutar planes no es sencillo, que la probabilidad de falla y error, es alta, por muy buenas intenciones que se tengan y que lo mínimo que podríamos hacer por nuestro país es hacernos cargo de nosotros mismos y responsabilizarnos de nuestros propios problemas.  Hacernos cargo de nuestra propia subsistencia. Así permitiríamos que más y mejores recursos lleguen a quienes verdaderamente los necesitan, lo cual sería ya un avance muy significativo en nuestra sociedad.

(*) Fuente: Asi Vamos en Salud - http://www.asivamosensalud.org/inidicadores/aseguramiento/grafica.ver/15

sábado, 14 de febrero de 2015

Sobre el hambre y la seguridad alimentaria en Colombia


Por: Paola Garzón


Es algo horrible sentir hambre, nunca he estado en la posición de no tener que comer, pero ha habido momentos en que por no haber comido a tiempo me da mucha ira, dolor de cabeza y frustración.  Ahora bien, me imagino que no tener que comer y no saber cuándo habrá, debe producir fuertes sentimientos de rabia, frustración y tristeza. Lo mínimo que necesita una persona para poder pensar con claridad, es comer.

En el primer discurso que dio Hitler como primer ministro de Alemania decía que en ese momento había seis millones de personas sin empleo, que no tenían nada que comer, ni nada para resguardarse del frio, que algunas personas estaban tomando la decisión de suicidarse, y que esa debía ser una decisión muy difícil de tomar.  Nada justifica las políticas que luego tomó su gobierno contra la población judía, pero se entiende porque las personas lo siguieron y que los llevo a hacer lo que hicieron contra una población que en ese momento gozaba de buenos recursos económicos.

Asimismo, se entiende porque ha habido tanta agresividad y violencia en nuestro país, en los últimos 60 años. Al igual que en Alemania, nada justifica la violencia, pero es entendible lo que el hambre, la desesperación y la desesperanza pueden llevar a hacer a la gente.  Más aún cuando vivimos en un país que se encuentra en el décimo lugar de los países más desiguales del mundo (índice Gini de 57 a 2010), dónde el 33% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza.  Dónde cada 33 horas muere un niño menor de 5 años por desnutrición, de acuerdo a las estadísticas del Instituto Nacional de Salud.

En un país supremamente rico en recursos naturales y en tierras cultivables, está situación es inaceptable.  Mi opinión, es que el gobierno debería enfocarse primero que todo en la seguridad alimentaria de los habitantes, en mejorar la cadena de suministro de alimentos para las poblaciones apartadas y vulnerables, en asegurar que estas personas reciban al menos dos comidas diarias y entregarles estas ayudas en especie y contabilizarlas como subsidios e ingresos de esta población. 

Se deberían crear mecanismos de apoyo a los campesinos asegurándoles una compra mínima de sus cosechas que les permita mitigar los costos y los riesgos de cultivar, y esquemas para hacer llegar estos alimentos a los comedores comunitarios de pueblos y ciudades.  Por un lado, se apoyaría el agro colombiano y por otro se aseguraría la alimentación básica de los habitantes.  También sería una excelente manera de contribuir a la paz, puesto que una persona bien alimentada, se puede concentrar, puede estudiar, puede evaluar opciones y buscar soluciones razonables y pacificas a sus problemas.

No se trata de políticas populistas.  Considero que las políticas sociales, así como las políticas económicas que incentivan la inversión extranjera y la creación de empresa pueden coexistir mientras ambas contribuyen al bienestar de la población, al crecimiento económico, a la generación de empleo, a la convivencia pacífica y respetuosa de las libertades individuales y del estado de derecho.  Se trata de buscar soluciones creativas, producto de nuestra propia realidad, de nuestros propios recursos, capacidades y condiciones, que no son las mismas de otros países de Europa o América, sino producto de nuestra iniciativa y de tener la conciencia para entender que hacemos parte de una misma comunidad y que parte de ella lo que necesita, es comer.