sábado, 14 de febrero de 2015

Sobre el hambre y la seguridad alimentaria en Colombia


Por: Paola Garzón


Es algo horrible sentir hambre, nunca he estado en la posición de no tener que comer, pero ha habido momentos en que por no haber comido a tiempo me da mucha ira, dolor de cabeza y frustración.  Ahora bien, me imagino que no tener que comer y no saber cuándo habrá, debe producir fuertes sentimientos de rabia, frustración y tristeza. Lo mínimo que necesita una persona para poder pensar con claridad, es comer.

En el primer discurso que dio Hitler como primer ministro de Alemania decía que en ese momento había seis millones de personas sin empleo, que no tenían nada que comer, ni nada para resguardarse del frio, que algunas personas estaban tomando la decisión de suicidarse, y que esa debía ser una decisión muy difícil de tomar.  Nada justifica las políticas que luego tomó su gobierno contra la población judía, pero se entiende porque las personas lo siguieron y que los llevo a hacer lo que hicieron contra una población que en ese momento gozaba de buenos recursos económicos.

Asimismo, se entiende porque ha habido tanta agresividad y violencia en nuestro país, en los últimos 60 años. Al igual que en Alemania, nada justifica la violencia, pero es entendible lo que el hambre, la desesperación y la desesperanza pueden llevar a hacer a la gente.  Más aún cuando vivimos en un país que se encuentra en el décimo lugar de los países más desiguales del mundo (índice Gini de 57 a 2010), dónde el 33% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza.  Dónde cada 33 horas muere un niño menor de 5 años por desnutrición, de acuerdo a las estadísticas del Instituto Nacional de Salud.

En un país supremamente rico en recursos naturales y en tierras cultivables, está situación es inaceptable.  Mi opinión, es que el gobierno debería enfocarse primero que todo en la seguridad alimentaria de los habitantes, en mejorar la cadena de suministro de alimentos para las poblaciones apartadas y vulnerables, en asegurar que estas personas reciban al menos dos comidas diarias y entregarles estas ayudas en especie y contabilizarlas como subsidios e ingresos de esta población. 

Se deberían crear mecanismos de apoyo a los campesinos asegurándoles una compra mínima de sus cosechas que les permita mitigar los costos y los riesgos de cultivar, y esquemas para hacer llegar estos alimentos a los comedores comunitarios de pueblos y ciudades.  Por un lado, se apoyaría el agro colombiano y por otro se aseguraría la alimentación básica de los habitantes.  También sería una excelente manera de contribuir a la paz, puesto que una persona bien alimentada, se puede concentrar, puede estudiar, puede evaluar opciones y buscar soluciones razonables y pacificas a sus problemas.

No se trata de políticas populistas.  Considero que las políticas sociales, así como las políticas económicas que incentivan la inversión extranjera y la creación de empresa pueden coexistir mientras ambas contribuyen al bienestar de la población, al crecimiento económico, a la generación de empleo, a la convivencia pacífica y respetuosa de las libertades individuales y del estado de derecho.  Se trata de buscar soluciones creativas, producto de nuestra propia realidad, de nuestros propios recursos, capacidades y condiciones, que no son las mismas de otros países de Europa o América, sino producto de nuestra iniciativa y de tener la conciencia para entender que hacemos parte de una misma comunidad y que parte de ella lo que necesita, es comer.